lunes, 26 de mayo de 2014

La Supervisión en la Clínica Psicopedagógica


La Supervisión en la Clínica PSICOPEDAGÓGICA 
                                                                          
Magritte
Introducción
La supervisión psicopedagógica es otra de nuestras tareas más reconocidas en la práctica clínica.

Pero, en qué consiste la supervisión clínica psicopedagógica?
Muchas veces se ha entendido como el simple pedido de ayuda que el “novel practicante” le hace al experimentado supervisor.

Ante un caso psicopedagógico, el psicopedagogo, al finalizar su diagnóstico o bien en pleno tratamiento psicopedagógico, demanda que otro de su misma especialidad, con sólida y reconocida formación, ofrezca orientación y apoyo para continuar con su labor clínica.

Esta práctica habitual en los psicopedagogos que ejercen la tarea clínica se complejiza. Intervienen variables teóricas, éticas, discursivas, estratégicas y  metodológicas

¿Qué entendemos por “supervisión”?
Una vez más, nos encontramos con la problemática forma de nombras las cosas en psicopedagogía.

“Supervisar”, también conocido como “controlar”, quizás no sean las expresiones más adecuadas para referirnos a un interesante espacio de intercambio psicopedagógico.

Como bien manifestó Foucault, la palabra no nombra la cosa, sino que la construye, y el significado nunca es inocente siempre hay una intención que está mediada por relaciones de poder (Foucault, M: “Las palabras y las cosas”, Siglo XXI)
Tanto la palabra supervisar como controlar refiere a una práctica estática y vertical de poder que muchas veces determina comportamientos de dominación y sumisión según el rol del participante.

Por tanto, esperamos que supervisión en psicopedagogía sea  entendida como “una visión más” y no como una visión superior. Se trata de “pensar con otros”, de ayudar a pensar, descentrar la problemática, mirar desde un lugar distinto, escuchar, descubrir variables y buscar estrategias. De esto se trata la supervisión.

Un poco de historia para entender más
Freud escribe “… la orientación teórica que le es imprescindible (el psicoanalista) la obtiene mediante el estudio  de la bibliografía respectiva y, más concretamente en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de estas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y guía de los psicoanalistas más reconocidos” (Freud, S: ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?, Obras Completas)

El término acuñado por Freud, control, supervisión o superaudición (para Lacan). Con el tiempo pasó a ser una práctica sistematizada de psicoanalistas, psicólogos y, por supuesto, psicopedagogos. (Leer “Control, supervisión, superaudición”, de Mario Izcovich al final del presente artículo

¿Quién supervisa?, ¿quién es supervisado?
Alicia Fernandez (“La Inteligencia Atrapada”; Nueva Visión) propone decir “co-visión” en lugar de supervisión, aludiendo a la importancia de las palabras al momento de nombrar las prácticas. Sucede que es difícil generalizar este término cuando se ha instalado con fuerza desde la perspectiva psicoanalítica.
Pero parecería que si bien la palabra determina la práctica, la actitud del supervisor frente al supervisado también ejerce su impronta.
Necesariamente, hay que establecer un vínculo con nuestro “supervisor”. La elección de quien acompañe y oriente nuestros casos será un trabajo arduo de tiempo extra. Dependerá de nuestra forma de ser, pensar, de nuestra habilidad para detectar destrezas, habilidades técnicas y teóricas en otro que de alguna manera nos represente. La cuestión es “sentirnos bien” con quien compartiremos el acto de supervisar.
Aquellas  supervisiones rayanas en la violencia, con demostración de poder y soberbia que pocas veces hemos padecido, igualmente, nos han dejado un saber.
La violencia en ciertas prácticas supervisivas, ubicadas en el lugar del saber absoluto, que menoscaban el rol del psicopedagogo o lo que es peor su capacidad profesional deben ser fuertemente cuestionadas y denunciadas.
El supervisor orienta, no dictamina, enseña, no instruye, permite que lo interpelen. Es capaz de un intercambio dialógico.
Cuando supervisamos buscamos un supervisor por su identidad profesional, su experiencia, su marco teórico pero también su marco afectivo. Para supervisar tiene que existir un reconocimiento mutuo, de lo contrario no hay transferencia.
Quien supervisa también debe “dejarse atravesar” por el saber del otro. Dejar a un costado su saber omnipotente y permitirse pensar, acompañado.

La supervisión psicopedagógica: ¿una práctica en desuso?
Práctica abandonada? Es difícil determinarlo sin una investigación previa. Ciertamente, es algo frecuente escuchar “hace mucho que no superviso”, “ya no me hace falta supervisar”, etc.
Foto de Marité Sarthe
Primero, la práctica supervisiva es un ejercicio ético. Es imperioso saber cómo estamos ejerciendo nuestras prácticas. Es una responsabilidad frente a nuestro pacientito. Los años de experiencia, el saber acumulado, no pueden justificar la falta de supervisión, no habilitan su omisión. Menos aún un criterio de superioridad sostenido por el profesional.
Segundo: Tanto el diagnóstico como el tratamiento psicopedagógico no están exentos de las vicisitudes transferenciales. Es imposible negarlas. Reconocer el aspecto transferencial permite no quedar entrampados en aspectos imaginarios que obstaculizan el proceso clínico. Es prioritario conversar sobre estos obstáculos.
Es interesante la postura de Glasman (“Admitir la supervisión” en Revista Psicoanálisis y Hospital, Año 3, N°5, 1994) cuando considera a la supervisión como “práctica de los obstáculos”: “quienes se acerquen a la misma tienen que estar dispuestos, inclusive el supervisor, al cuestionamiento de su práctica, única forma de no terminar haciendo, de la nuestra, una rutina burocrática”
En este cuestionamiento será relevante la toma de posición del psicopedagogo frente a la cura que dirige.

Ultimas consideraciones prácticas

Sería esperable entender la supervisión como un espacio de discusión e intercambio clínico. Pensarla en términos de mejora.
No siempre vamos a supervisar con un psicopedagogo/a, sino que en algún momento, según el caso, supervisaremos con un psicólogo u otro profesional.
Podemos hacerlo de manera individual o grupal.
La búsqueda del supervisor es toda una tarea pero tiene que ser parte de nuestra identidad profesional.
Hay quienes trabajan con un reloj sobre el escritorio y hay quienes pueden pasar dos horas o más en un intercambio permanente.
Todos cobran por su trabajo.
Es importante desarrollar 3 instancias:
-      Aspectos transferenciales
-      Aspectos estratégicos
-      Sugerencia bibliográfica

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martes, 20 de mayo de 2014

Comprensión de textos y resistencia

Comprensión de textos

Oh, he descubierto!,  en mi recortado universo psicopedagógico, la vinculación existente entre política  y  comprensión de textos.

Fuente:3.bp.blogspot.com/-wlVTBy_zp58
De acuerdo con expresiones de los profesores de una escuela, una de las mayores dificultades en los estudiantes de secundaria es el problema que tienen para comprender textos. Interpretar textos, debatir textos, recrear textos, de manera escrita y oral, todas ellas actividades maravillosas del pensamiento las encontramos cercenadas en nuestros adolescentes.

Pero hay más, resulta ser este un problema del nivel primario y también del nivel universitario…

En la clínica psicopedagógica es muy común encontrarnos con este tipo de demanda. Nuestro pacientito en cuestión tiene dificultades para comprender textos. Y seguramente esto tendrá que ver con una manifiesta problemática en su capacidad de simbolización. En su tratamiento intentaremos buscar  sentidos históricos y actuales relacionados con las formas de productividad simbólicamente limitada (Silvia Schlemenson).

Siguiendo la línea de la reconocida autora:

Los niños con problemas de aprendizaje simbolizan la realidad de manera parcial y selectiva, limitando su acceso al campo social.
En toda situación de aprendizaje se produce un investimiento psíquico satisfactorio en las que muestra formas de relación con los objetos sociales y con el conocimiento que le producen placer. Pero no todos los objetos provocan una reedición de situaciones libidinalmente placenteras. Muchos objetos convocan experiencias traumáticas o amenazas de sufrimiento que activan un movimiento de retiro de cargas, constituyéndose en aéreas de no deseo y espacios que se intentan evitar. Los niños con restricciones en su producción simbólica se caracterizan por el retiro de cargas libidinales de algunas áreas de la realidad en forma rígida y permanente, por lo cual sus aprendizajes se parcializan. Comienza a haber temas obturados o evitados que amenazan la circulación del deseo por el conocimiento. Para que el conocimiento se consolide tiene que haber un equilibrio entre los procesos de investimiento y desinvestimiento

Pero resulta increíblemente notable que muchos sostenemos nuestras limitaciones para comprender textos, aun habiendo pasado por todos los niveles educativos sin llegar jamás a realizar consulta alguna. A lo largo de la vida recogeremos algunos o muchos fracasos, algunas  o muchas superaciones al respecto.

La pregunta sería: quienes, desde un comienzo, están habilitados para una 
comprensión y complejización textual?

Con una historia importante de voces silenciadas y rupturas de pensamiento, de exclusión y marginalidad intelectual… y con resabios de educación clasista, autoritaria y represora. Unos comprenderán textos y otros ni siquiera hablar de ellos podrán.

La psicopedagogía crítica  tendrá que encontrar nuevos modos de participar en las comunidades en las que interviene y opera, narrar relatos sobre las voces de aquellos a los que se ha silenciado, permitiendo así hablar a quienes han  excluido de la comprensión de textos.



domingo, 22 de septiembre de 2013

Tomate, queso y huevo duro para leer a Althusser

“Tomate, queso y huevo duro” 
para leer a Althusser

Recuerdo cuando el año pasado (2012) el periodista Feinman en su programa, entrevista a alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires (y otros)  por los episodios de toma de colegios suscitados por entonces. En su intento denodado por descalificar  a los estudiantes deja en evidencia la capacidad de los jóvenes para el debate, el conocimiento histórico y actual de su protesta, la firme voluntad de lucha por sus ideas y el dominio de sus emociones. Mientras que por otra parte, nos prendamos durante días (porque los medios se encargaron de repetirlo) con la inteligente frase nutricional: “tomate, queso, huevo duro… y lechuga“perteneciente al enjuto periodista que aludía, con desesperación, a solucionar  el conflicto que mantenían con el  buffet del colegio.
Sandwich de libros de cerebro*

En los últimos días, se reavivan las tomas y no es bueno quedarse con lo anecdótico.
Pienso en la clase dominante, si de clases podemos hablar y encima dominante que sin duda me refiero a la política y económica. Es mejor hablar de sectores?
Entonces, nuestro sector dominante, con inteligencia exponencial elige la escuela para sus hijos. Los ubican en espacios de dominio del Estado…  Es factible pensar que estos grandes disertantes en fase larval, subsumidos en su mandato particular, serán nuestros futuros gobernantes. Para un político haber sido educado en colegios y universidades “estatales”, no “elitistas” deja su impronta. Si además fue pobre, ni les cuento (al igual que muchos intelectuales críticos)
Mientras en otras escuelas, sus alumnos se preparan para el encantador debate en el “Modelo de Naciones Unidas”, en un claro y evidente “como sí”, otros colegios lo hacen “de verdad”, los conflictos son reales, las propuestas, las luchas y los debates son reales y bien televisados.


Pero, después de todo, respecto de la veracidad de los debates 
en cuestión es tan sólo una ilusión, una más en nuestra matrix, 
también son un “como sí”, porque para unos pocos, estos debates estudiantiles, sigue siendo una actividad experimental,  estratégica, de aprendizaje sobre construcción de liderazgo, imposición de discurso y de ideología y 
desarrollo manipulativo.  
Hay quienes arman sus novelas familiares y escolares 
con cartón y afiches escritos a mano, mientras que otros pueden hacerlo publicando su proyecto escolar en diarios, revistas y televisión. 

No sólo a través del currículum la escuela es un aparato ideológico de Estado.

Leamos algunos párrafos de Althusser de 1970:
“ ¿Por qué el aparato escolar es realmente el aparato ideológico de Estado dominante en las formaciones sociales capitalistas y cómo funciona? Si todos los aparatos ideológicos de Estado tiene como meta la reproducción de las relaciones de producción, cada uno de ellos lo hará de manera particular: el aparato político sometiendo a los individuos a la ideología política de Estado, la ideología "democrática", "indirecta" (parlamentaria) o "directa" (plebiscitaria o fascista); el aparato de información atiborrando a todos los "ciudadanos" mediante la prensa, la radio, la televisión, con dosis diarias de nacionalismo, chauvinismo, liberalismo, moralismo, etcétera. Lo mismo sucede con el aparato cultural (el rol de los deportes es de primer orden en el chauvinismo), etcétera: el aparato religioso recordando en los sermones y en otras grandes ceremonias de nacimiento, casamiento, o muerte que el hombre sólo es polvo, salvo que sepa amar a sus hermanos hasta el punto de ofrecer su otra mejilla a quien le abofeteó la primera. El aparato familiar.... no insistimos más.
“No obstante, un aparato ideológico de Estado cumple muy bien el rol dominante de ese concierto, aunque no se presten oídos a su música: ¡tan silenciosa es! Se trata de la Escuela. Toma a su cargo a los niños de todas las clases sociales desde el jardín de infantes, y desde el jardín de infantes les inculca -con nuevos y viejos métodos, durante muchos años, precisamente aquellos en los que el niño, atrapado entre el aparato de Estado-familia y el aparato de Estado-escuela, es más vulnerable- "habilidades" recubiertas por la ideología dominante (el idioma, el cálculo, la historia natural, las ciencias, la literatura) o, más directamente, la ideología dominante en estado puro (moral, instrucción cívica, filosofía). Hacia el sexto año, una gran masa de niños cae "en la producción”: son los obreros o los pequeños campesinos. Otra parte de la juventud escolarizable continúa: bien que mal se encamina y termina por cubrir puestos de pequeños y medianos cuadros, empleados, funcionarios pequeños y medianos, pequeño-burgueses de todo tipo. Una última parte llega a la meta, ya sea para caer en la semidesocupación intelectual, ya para proporcionar, además de los "intelectuales del trabajador colectivo", los agentes de la explotación (capitalistas, empresarios), los agentes de la represión (militares, policías, políticos, administradores, etc.) y los profesionales de la ideología (sacerdotes de todo tipo, la mayoría de los cuales son “laicos" convencidos). Cada grupo está prácticamente provisto de la ideología que conviene al rol que debe cumplir en la sociedad de clases: rol de explotado (con "conciencia profesional", "moral", "cívica", "nacional" y apolítica altamente "desarrollada"), rol de agente de la explotación (saber mandar y hablar a los obreros: las "relaciones humanas"): de agentes de la represión (saber mandar y hacerse obedecer "sin discutir" o saber manejar la demagogia de la retórica de los dirigentes políticos), o de profesionales de la ideología que saben tratar a las conciencias con el respeto, es decir el desprecio, el chantaje, la demagogia convenientes adaptados a los acentos de la Moral, la Virtud¡ la "Trascendencia", la Nación, el rol de Francia en el Mundo, etcétera. Por supuesto, muchas de esas virtudes contrastadas (modestia, resignación, sumisión por una parte, y por otra cinismo, desprecio, altivez, seguridad, grandeza, incluso bien decir y habilidad) se enseñan también en la familia, la iglesia, el ejército, en los buenos libros, en los filmes, y hasta en los estadios. Pero ningún aparato ideológico de Estado dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y, por si fuera poco, gratuita ...), 5 a 6 días sobre 7 a razón de 8 horas diarias, de formación social capitalista…” Althusser Louis “Ideología y aparatos ideológicos de Estado”, Nueva Visión, 1970

Pero acá la cuestión es algo diferente, cierto sector se vale de la escuela 
para imponer sus estrategias de reproducción e imposición.

         Las escuelas no son ideológicamente inocentes ni se limitan a reproducir las relaciones e intereses sociales dominantes. Paralelamente, las escuelas producen formas de regulación política y moral íntimamente conectadas con la tecnología del poder, las cuales a su vez producen asimetrías en las habilidades de los individuos y grupos para definir y percatarse de sus necesidades.
      
     Psicopedagogía Crítica: Recuperar el lugar 
       de resistencia en la escuela donde todos 
          podamos pensar de qué lado estamos 
                     y hacia dónde vamos.




martes, 17 de septiembre de 2013

Día de la Psicopedagogía



FELIZ  DÍA  DEL  PSICOPEDAGOG@

Nuestra tarea es hacer entender que: Pensar, aprender y  soñar es vida y es pasión.
Por nuestro día! 



Marité Sarthe