domingo, 7 de abril de 2013

Los estudiantes: Parte II



El CUERPO de ESTUDIANTE

En un interesantísimo libro de Peter McLaren, el investigador en pedagogía crítica relata la experiencia que tuvo  en una escuela privada, confesional a la que asistían hijos de inmigrantes portugueses. Sin lugar a dudas, señaló mi búsqueda de otras formas de entender el fracaso escolar.

En toda la vida escolar, los gestos de los estudiantes son cosificados en manifestaciones corporales de hegemonía. La postura incómoda y defensiva de los estudiantes, y los gestos bruscos y autoritarios de los profesores revelan las relaciones de poder que han sido introducidas en el medio de la carne viva. Los cuerpos de los estudiantes se convierten en tablas sobre las cuales los profesores imprimen la creencia en su propia superioridad cultural y de clase. 

 Peter McLaren realiza una interesante investigación en una escuela privada confesional. Entre algunas otras cuestiones, concluye: Los cuerpos de los estudiantes investigados se convirtieron en espacios de lucha. La resistencia pasó a ser una forma de ganar poder, de celebrar el placer de destrozar códigos santificados. Resistir significaba combatir la supervisión del control y del deseo, y la simbolización capitalista de la carne. La resistencia era un rechazo del sujeto histórico reformulado como un dócil objeto complaciente. Una reacción frente a las formas de deseo “correctas” y patrones de conducta exigidos por la sociedad civil y, además, una reacción frente al impedimento que el cuerpo tiene de invertir en el placer de la transgresión y del conocimiento ilícito.



La incapacidad de los estudiantes de ser “alfabetos” puede provenir no tanto de un problema de “ignorancia” como de un acto de resistencia. Es decir, puede ser que los miembros de la clase trabajadora y otros grupos oprimidos se nieguen conciente o inconcientemente, a aprender los códigos culturales y las competencias legitimadas por la cultura dominante.



Es importante considerar la conducta de los estudiantes como una forma de indignación política y moral. Los estudiantes se resisten a lo que la escuela les ofrece para sobrevivir con un mínimo de dignidad a los caprichos de la esclavitud cultural.



El “rechazo” a aprender puede proporcionar la base pedagógica para generar un diálogo crítico con aquellos cuyas tradiciones y culturas suelen ser objeto de los asaltos masivos de la cultura dominante.
Marité Sarthe





BIBLIOGRAFÍA

MC LAREN, P:: “La escuela como performance ritual. Hacia una economía política de los símbolos y gestos educativos”, Siglo XXI, México, 1995 





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